Desde muy chica mi peso fue algo que me acomplejó, mi vida giró entorno a mis kilos y aceptar mi cuerpo. Para los que no me conocen siempre he sido muy delgada y subir de peso ha sido una batalla casi imposible.

Mi niñez

La batalla con mi cuerpo: ¡subir de peso!Mi niñez está plagada de recuerdos asociados a mi delgadez desde los intentos intensos y fallidos de mi madre por engordarme y por las innumerables burlas que recibía de compañeros de clase, supuestos amigo(a)s, mamás de mis compañeros, maestros, amigos de la familia, familiares, de algunos chicos que me parecían atractivos y hasta de desconocidos.

Probaron conmigo de todo para subirme de peso, desde dietas plagadas de calorías, una exagerada cantidad de jugos y licuados, medicamentos para aumentar el apetito, y quien sabe que tantas cosas más que ya no recuerdo; ¡nada funcionaba! y cada vez más era un caso perdido, estaba destinada a verme pequeña y ser flaca de por vida, ¡que maldición! (pensaba en ese entonces).

Comentarios como “tienes hilos colgando de tu falda”, “¿qué no comes?”, “nadadora”, “se te perdieron las nalgas”, “¡comete algo!”, “esquelética”, “ni pareces mujer” y un sin fin de apodos despectivos asociados a mi figura.

Pasaron los años y cada vez me hacia más reservada, más tímida y más insegura, a mis pocos años de existencia comencé a despreciar mi cuerpo, anhelaba verme más grande, pues en esa época batallaba con dos enfermedades que me hacían ver muy pequeña: un problema en el riñón que se llama doble sistema colector y un déficit de la hormona de crecimiento.

Adolescencia

La adolescencia llegó con muchos complejos, aislamiento y ansiedad, me refugié en los libros y en concentrarme en ser inteligente. La secundaria fue un martirio no solo para mi, también para mis padres. Por fortuna mi madre decidió llevarme al psicólogo a mis 12 años; esto fue muy favorable y comencé un nuevo camino para revertir el desamor a mi delgado cuerpo.

Fue un proceso muy bello, en el cual decidí que quería ser psicóloga para poder ayudar a las personas en sus procesos de vida. Comencé a meterme a un sin fin de actividades y talleres: clases de declamación, clase de superación personal, modelaje, diseño de moda y colaboraba para un periódico. Todo esto me ayudó en amarme un poco más, en mi seguridad y sobre todo en cuestionarme muchas cosas.

Luego llegó la preparatoria, con momentos muy complicados, pero sin duda fue una de las etapas con más aprendizaje en mi vida, me enseñó muchísimas cosas, sobretodo me rodeo de amor y por primera vez mi peso dejó de ser lo importante. Esa etapa me hizo cuestionarme muchas cosas y estar más consciente de que el cuerpo es más que kilos y tallas; gracias a ello me propuse atreverme y ser más segura de mi. Así llegué a la universidad a estudiar psicología, con una vibra renovada.

Universidad

Unos meses después otra vez comenzó mi batalla con mi cuerpo, hasta que un día decidí darme por vencida y aceptar mi realidad, ¡era flaca! ¿qué más podía hacer?, y dejé de preocuparme por si engordaba o adelgazaba, dejé de preocuparme de cómo me veía la gente. Ese momento mi vida cambió por completo ya no estaba estresada por eso, ni me juzgaba por no comer bien o ser perfecta, y todo eso lo notaban los demás y ¿qué creen?, comencé a ganar peso.

No me malinterpreten y ni crean que quiero hacerme la victima, mi niñez y adolescencia fue bella en otras perspectivas, pero sin duda mi baja autoestima mermo mi capacidad de apreciar cosas buenas en esos momentos.

Lo cierto es que dejé de ser adolescente y logré mantenerme por algunos años en el peso que aprendí a amar. Yo no he pesado más de 48 kilos en mi vida, pero dejé de esforzarme por pesar más que eso y por mucho tiempo me relajé.

El ahora

Este año comenzó un poco inestable con respecto a mi salud, desde inicios de año empecé a tener problemas estomacales, siempre he tenido problemas estomacales, pero no fue hasta junio que con un dolor intenso en la boca del estómago me internaron y descubrieron que eran piedras en la vesícula, ¡piedras en la vesícula pueden creerlo!

Por ello me sometí a una dieta súper estricta, no podía comer prácticamente nada, por el miedo a que se me inflamará la vesícula y se me reventara. Por esa razón inicié a bajar de peso de manera dramática, yo no lo podía creer sentía mis huesos de todos lados: se me había ido mi conocida panza, mis hombros y mi clavícula estaban marcados por solo los huesos, mis manos parecían de una calavera, no podía estar descalza porque mis huesos de los pies me lastimaban y si me acostaba boca abajo mis costillas me recordaban que estaba muy muy delgada.

La tristeza me invadió, no solo estaba batallando con sentirme mal, sino con mis fantasmas del cuerpo, me desesperaba, lloraba y nuevamente comencé a ocultarme de la gente.

Operación

La batalla con mi cuerpo: ¡subir de peso!

Foto: Pavel Castillo

Con el peor de los ánimos me operé para extirparme la vesícula, fue una operación sencilla, con una recuperación rápida, pero mi cuerpo no ha logrado recuperarse del todo después de dos meses, pues he seguido bajando de peso y con ciertos problemas de absorción de los alimentos.

Después de la operación ha sido bastante difícil regresar a mi vida “normal”, mi ropa no me queda, tuve que comprarme ropa nueva, pero hasta la ropa más pequeña me queda grande, he seguido batallando con comentarios como: “¿cuánto pesas?”, “¿qué te pasó?”, “¿por qué estás tan flaca?”, “¿no estás comiendo?”, “yo te imaginaba más gorda”.

No les miento hay días que me levanto con el mejor ánimo, apapacho a mi cuerpo y le hablo bonito y otros días me quejo por estar tan delgada, eso sí de todo hay aprendizaje, y créanme que he aprendido muchas cosas, sobretodo aceptarme en cualquier faceta.

Durante mucho tiempo he abogado por el amor propio, por la aceptación del cuerpo, por crear nuevos estereotipos, y hoy que estoy poco a poco recuperándome a mi, sé que esto que pasó este año es un parteaguas para afianzar mi amor y mi pasión.

Aceptar mi cuerpo

Te has de preguntar: ¿por qué les cuento todo esto?, el fin de este artículo es que quiero extenderles varias enseñanzas:

  • No te refieras a nadie por su físico:

El daño que puedes hacer a cualquier persona, pero sobre todo a un(a) niño(a) al decirle cosas despectivas de su físico, aunque sea de “broma” es a veces irreparable, se lo va a llevar arrastrando todo su vida, y va hacer que una simple broma para ti, él o ella comience a agobiarse por no tener el cuerpo perfecto. Así que no te refieras a nadie por su físico, no tienes el derecho, las bromas que lastiman no son bromas, son violencia. Traspasa esto a tu familia, a tus hijos, a tus padres, a tus amigos y no permitas que delante de ti se expresen mal o despectivamente de alguien de ninguna forma, repudia cualquier intento de hacer sentir mal a los demás.

Esto lo he dicho muchísimas veces, acéptate como eres, seguramente tienes cosas increíbles, acepta lo que tienes, y suelta lo que no puedes cambiar para fluir con la vida sin mortificaciones. Nadie es perfecto, nadie tiene el cuerpo perfecto y tú no tienes que ser perfecto. Recuerda eres más que kilos, peso y tallas; eres muchísimo más valioso(a).

  • Las cicatrices son marcas de vida:

Cuando vi mi abdomen con tres pequeñas cicatrices, que seguramente en algunos años serán imperceptibles, decidí no esconderlas, no taparlas porque entendí que son marcas de vida, marcas de sabiduría, marcas de amor por el cuerpo. Son recordatorios que tenemos que amarnos, recordatorios que a pesar de todo seguimos adelante.

  • Solo tú sabes tus batallas:

Solo tú sabes porque estás atravesando, el proceso de tu vida y de tu cuerpo, no permitas que nadie, absolutamente NADIE te haga sentir mal por tu físico, porque así como yo que baje 8 kilos por problemas de salud y nadie tiene el derecho a hacerme sentir mal por mi cuerpo, tú seguramente tienes otras batallas, no tomes en cuenta los comentarios despectivos, maliciosos, pues estos no te definen.

  • Sé paciente:

Queremos que inmediatamente nuestro cuerpo sea como queremos, lo sometemos a innumerables procesos para cambiarlo o por salud a cirugías invasivas, sé paciente con tu cuerpo y responsable, todo a su tiempo, entiende como yo ahora que he entendido que para recuperar mi peso tiene primero mi cuerpo estar en un mejor estado de salud, el físico es lo menos importante. Dale chance a tu cuerpo y dale amor tal cual es, es él que te mantiene aquí en la tierra.

Yo sé que es un artículo sumamente personal y muy diferente a lo que acostumbro hacer, pero en este proceso de amor propio y de aceptar mi cuerpo nuevamente con 8 kilos menos y tres bellas cicatrices, pensé que podía ser útil platicar mi proceso para que más personas que están pasando por cosas similares, recuerden que no están solos, que todos en algún momento atravesamos por cosas similares y siempre se puede volver a empezar.

A mi me queda seguir aceptando y fluyendo, recuerda que puedes escribirme a palomapalacios@kathartiko.com para compartir experiencias. Te mando un abrazo gigantesco.

Referencias

Paloma Palacios (2018). Sé tu propio estereotipo de belleza. BalanceArte Club.

Paloma Palacios author

CEO y fundadora de KATHARTIKO. Contacto: palomapalacios@kathartiko.com

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