Después de 33 otoños

Querido diario

Hoy te escribo a ti y a mí

¿Qué le dirías a tu niña o niño interior?

Han pasado treinta y tres otoños, inviernos y primaveras, treinta y dos veranos; muchos diarios, muchos poemas. Muchas risas hasta que nos dolieran la panza, pero también muchas lágrimas. Muchas brisas de mar en el cuerpo, muchas soles en la cara, muchos algodones de azúcar en el suelo.

Después de 33 otoñosHemos pasado por la muerte de las abuelas y el abuelo, el renacimiento de uno de nuestros hermanos. Hemos construido relaciones más sanas con nuestros padres, ha habido muchos pleitos y de igual modo reconciliaciones familiares; nacimiento de muchos sobrinos que queremos de a de verás, pero paralelamente partidas de tíos y tías que dejaron un hueco en la tierra.

Han pasado muchos kilómetros, han pasado 8 ciudades, 3 países y dos continentes, cuatro departamentos en la gran ciudad. Y sí, logramos viajar y ya llevamos varios vuelos, dos pasaportes y 10 países. Ya conocimos Los Alpes y la nieve, ya nadaste en playas mexicanas, gringas y europeas, ya comiste jamón serrano en Madrid, un croissant en Paris, ya probaste los verdaderos Pretzels en Munich, ya viste pinturas de Van Gogh y Monet, pero eso sí, seguimos prefiriendo la comida y los amaneceres de Alvarado.

Hemos pasado muchas platicas profundas con nuestras mejores amigas esparcidas por el mundo y en husos horarios distintos, muchos abrazos y hemos visto como forman sus familias. ¿Ves?, sí tenemos amigas.

Hemos pasado por amores y por corazones rotos. Ha pasado casi 8 años desde aquel día en que encontramos a nuestro compañero de vida y aunque no te lo hubieras imaginado son ya 16 meses desde que nos cansamos en Coyoacán. Han pasado muchos besos en los ojos, muchas miradas en los labios. Ha pasado que tenemos una familia convencional, el perro, la gata, él y nosotras.

Y ese miedo de niña a quedarnos solas y que nadie nos iba a querer, se quedó como un vago recuerdo que ahora sabemos que no es cierto.

Han pasado muchos títulos, estudios y muchas fotos. Mucho trabajo, muchas ideas, mucha frustración también. Ha pasado que sí nos convertimos en psicólogas, pusimos nuestra clínica y ahora somos empresarias. Por cierto, hace unos años fuimos presentadoras en un congreso de psicología en el hospital donde nos hacían tratamiento en la Ciudad de México.

Hemos dejado la fotografía y el dibujo; logramos dos másters y aún seguimos escribiendo para afrontar la vida. Ya no hacemos revistas de perritos en Publisher, ahora tenemos una revista digital de salud mental y bienestar, estamos escribiendo cartas, dando talleres de escritura y escribiendo nuestra propia novela, la mala noticia es que ya no escribimos tantos poemas.

Han pasado muchas horas de lectura y de disfrutar historias ajenas, seguimos amando la papelería, ya dejamos el café, ahora somos catadoras de chai latte y coca colas por el mundo, el morado sigue siendo nuestro color favorito, Chayanne nos sigue poniendo de buen humor, porque nos hace recordar a la abuela Cata; seguimos sin aprender a bailar, pero ya no nos da tanta vergüenza tener dos pies izquierdos.

Hemos pasado muchas horas de paz y tranquilidad, sé que eso era importante para ti.

Hemos aceptado lo bonito y caótico que es sentir, nos sabemos melancólicas, disfrutamos la soledad, nos caemos bien y nos gusta lo que vemos en el espejo. Como acto revolucionario soltamos nuestros rizos y ya no nos importa ponernos más negras, de hecho nos gusta. Ya no nos da miedo sonreír y que se nos vean nuestros dientes chuecos y separados. Ya engordamos, creíamos que era caso perdido, pero después de un órgano menos y nuestros treinta años eso cambió, nos sentimos a veces raras pero nos gusta esta versión, aunque aún no sabemos escogernos ropa. A propósito, si nos engordaron un poco las piernas y descuida sí nos crecieron las bubis.

Aceptamos lo introvertidas y “aburridas” que podemos ser, que no nos gustan las fiestas y ni el ruido. No somos millonarias pero tenemos una vida de lujos: comida rica, techo bonito, libros mensuales y chais varias veces a la semana. Ahora tenemos mucha seguridad en nuestras capacidades, en nuestras ideas, en lo que somos. Ya no nos da miedo llorar, ni pretendemos ser perfectas, fuertes y felices todo el tiempo. Seguimos levantando la voz ante las injusticias y seguimos llorando de coraje. No nos da tanto miedo ponernos viejas porque creemos que el tiempo hace que te valga “madre” muchas cosas. Ahora somos mal habladas, pero eso se destapó en chilangolandia.

Hemos fracasado ¿y qué crees? No ha sido tan malo como nos lo imaginábamos, seguimos vivas. Han pasado muchas cosas y otras no han pasado en absoluto. No tenemos la vida que querías exactamente, pero sí se parece mucho, creo que me gusta más así, espero que a ti también y te sientas orgullosa de lo que hemos logrado, y que pasemos más otoños, inviernos, primaveras y veranos juntas.

Te quiero y te agradezco Palomita.

Con amor: Paloma

Pd: te escribo el siguiente año. Tal vez es esta misma carta, le agregaré las novedades.

No olvides dejar tu comentario ¿qué te hizo sentir esta carta?

Después de 33 otoños


NOTAS:

Yo nunca he sido defensora de la niña interior, creo más en la responsabilidad de ser adulta, de qué vamos a hacer ahora, cómo vamos a hacernos cargo y honrarnos. Pero me nació escribirle a aquella niña alvaradeña que estaba llena de dudas, miedos e inseguridades, que se la pasaba escribiendo en sus diarios y haciendo poemas en hojas sueltas, esa niña que recibió bullying por su físico y después por su forma de ser y que se cuestionó la vida y le nacieron fueguitos en el pecho, alas en la espalda y raíces en los pies. Esa niña que me trajo acá.

Te invito a escribirte y si te sientes en confianza puedes enviarme tu escrito palomapalacios@kathartiko.com, yo te leo con muchas ganas.

Leave a Comment

Your email address will not be published.

Start typing and press Enter to search

Abrir chat
Hola, ¿te podemos ayudar en algo?
Hola👋,
¿me podrían ayudar?