En este segundo artículo nos centraremos en el tema de la sexualidad, pero antes haré dos aclaraciones: 1) éste tema es muy amplio y complejo por lo que sólo retomaremos elementos generales pero esenciales, además, será necesario dividir el tema en dos artículos; 2) en psicoanálisis la mayoría de los conceptos se relacionan entre sí, por lo que se verán conceptos de artículos pasados y los entrelazaremos con nuevos.

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Así, para entrar de lleno al tema quisiera preguntar: ¿cuándo se habla de sexualidad en qué piensan? Tal vez una de las primeras imágenes sea la del acto sexual, el coito, donde los genitales son los protagonistas y en el que la idea de la recamara imperan para describir el tema. Desde el punto de vista del psicoanálisis la sexualidad es un tema que se sale de la recamara e inunda todo. Aún cuando esta teoría retoma la importancia del acto sexual, explica que no es el único espacio donde se vive, y también donde se sufre la sexualidad.

En la concepción Freudiana la sexualidad es un elemento que organiza y conforma a todos los seres humanos, es decir, que se encuentra en los cimientos de nuestra especie, nuestros comportamientos, deseos, sueños y sentimientos. En otras especies la sexualidad es considerada un instinto, que tiene como objetivo la supervivencia. Para nosotros aparte de instinto, ésta también involucra procesos psíquicos: fantasear con el otro, proyectar elementos en la persona que deseamos; la obtención misma del placer no es una simple satisfacción, involucra nuestra memoria y experiencia, entre otros procesos. Y es que la sexualidad no es algo que se puede evitar sino que está siempre presente, estemos en un momento de sensualidad o no.

Si la sexualidad está siempre presente es porque en su elemento más primordial expresa vida, ¡sí, vida! Para hacer referencia a ella, Freud retomó de la mitología griega la historia del dios Eros. Este personaje es responsable del amor, de la atracción sexual pero también tiene otra acepción esencial: vida. Eros nos explica como lo erótico se enlaza con la vida, haciendo referencia a la movilidad, por ejemplo: ya sea ese empuje para lograr placer de un órgano genital, como para alcanzar un proyecto, o para crear una obra de arte, todo esto es movimiento, por lo tanto es vida.

En la teoría psicoanalítica aquello que mueve al ser humano se le llama: pulsión, y ésta en su encuentro con múltiples vivencias de placer se le llama libido.

La pulsión es la energía que mueve al ser humano, lo que le permite hacer la más mínima acción como mover un pie, hasta las cosas más complejas como: los deportes, creaciones artísticas, científicas o sociales; se puede pensar a la pulsión como la gasolina que mueve al motor, aún cuando el motor es una estructura bien diseñada para funcionar, sin la energía vital simplemente no se mueve.

La libido, por otra parte, será aquella energía pero que ya conoce ciertos caminos de placer, como la segunda vez que comes tu comida favorita se despierta una sensación y sale a flote una energía placentera ya vivida. Ésta es como un soplo que se le ha dado al ser humano y que básicamente es la cuerda que le hace andar, nacemos con ella y en cada persona tiene sus particularidades.

Con este conjunto de energías, lo que vivamos va crear recuerdos a través de nuestros sentidos. Pensemos en algún recuerdo importante, que al percibir un olor, un objeto o sabor parecido les regrese al momento exacto en que sucedió ¿alguna vez han sentido algo así? Parece que volvemos a vivirlo, pues ahí está la pulsión y su enlace con el placer (libido) que ha dejado una huella (mnémica) fuerte y que es indeleble.

En un primer momento esta energía pulsional se encuentra en estado puro, se enlaza con eventos, vivencias, recuerdos y adquiere un carácter libidinal, es ahí donde vienen las huellas mnémicas. Pensemos por un momento en el primer encuentro de un bebé con su cuidador, como lo explicábamos en el artículo anterior; el recién nacido viene a un mundo organizado, donde su cuidador le da un primer abrazo lleno de calor y cariño, este abrazo tocará toda su piel y le permitirá sentir una satisfacción ante un ambiente frio y nuevo, esto será ya una huella de placer, que más tarde le permita tener un desarrollo específico respecto a las parejas y situaciones sexuales en el futuro.

Por consiguiente la sexualidad es eso también, son esas huellas de placer que han quedado en la piel, en el cuerpo, en la memoria y que permanecen a pesar de que pase el tiempo. Y hay que aclarar que placer no sólo es el que dan los órganos sexuales, uno encuentra placer en muchas cosas, por ejemplo: una comida favorita, una sorpresa, una mirada o un abrazo de tu persona favorita. De ahí que la sexualidad no se pueda restringir únicamente a los órganos sexuales.

Así, la sexualidad como pueden ver no se mantiene en los márgenes de la habitación, sino que se encuentra en cada cosa que hacemos, en las cosas que anhelamos, en lo que queremos construir ya sea en relación al trabajo, a nuestra vida social o amorosa.

Espero haber disipado algunas dudas y con mucha suerte, crear algunas otras, saben que pueden escribirme a psicoanalisis@kathartiko.com. Les invito a continuar leyendo la segunda parte de artículo y así complementar la mirada. ¡Hasta el próximo artículo!

Anel Sinahí Garza Hurtado author

Psicoanalista y colaboradora de Kathartiko. Contacto: psicoanalisis@kathartiko.com

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