Piensa en algo que te ponga alegre: ya sea aquel helado, ese libro o ese lugar que te reconforta, o tal vez la presencia de alguien o esa canción que te hace vibrar una y otra vez.

Ahora pregúntate ¿cuántas veces haces esas cosas que te dan alegría?

Estamos en un momento complicado donde la felicidad es lo más buscado, en donde no nos tomamos el tiempo de construir momentos alegres o incluso ni de disfrutar los sabores que te da el presente; estamos en un momento en el que buscamos a toda costa y sin brújula una vida feliz y perfecta.

Un claro ejemplo son las redes sociales, donde todos mostramos “la mejor versión de nosotros y de nuestra vida”. Y es que estamos muy ofuscados, casi obsesionados con el término “felicidad” y con la actitud incesante de mostrarnos felices, en consecuencia esto se ha vuelto una de nuestras mayores preocupaciones: “¿por qué no puedo ser feliz?”, “¿por qué no me siento feliz?”, “¿seré feliz algún día?”, “¿mi vida siempre será así de vacía?” son preguntas que nos hacemos una y otra vez y realmente nos da mucho, pero mucho miedo que la felicidad nunca llegue.

Me acuerdo que cuando era una pre adolescente constantemente me preguntaban que -¿cuál sería mi meta en la vida?- y yo contestaba -“¡ser feliz!”-; cuando crecí me di cuenta que era una meta muy ambiciosa y complicada por varias razones que poco a poco fui aprendiendo.

Aceptar y construir mi felicidad ha sido un proceso largo; un proceso que empezó con desilusión y mucho miedo. Igual que muchas personas me cuestioné mi capacidad para ser feliz y me asusté de ser incapaz de ser feliz en mi vida.

También en el proceso tuve que romper con muchas creencias y prejuicios, y tuve que encontrar que me daba alegría y definir qué era para mí y solo para mí la felicidad; porque todos tenemos una concepción distinta de ésta, y lo que le hace feliz a tu amiga(o), tu novio(a), o tu familia puede no significar nada para ti. Otra de las cosas que aprendí fue que aunque dicen que la felicidad es un estado permanente, ésta no dura las 24/7 porque hay muchas emociones de por medio que uno tiene que experimentar, por el simple hecho de ser humano.

Con ello aprendí que la felicidad y la alegría no son sinónimos, por su lado la felicidad se dice que es una estado que es más permanente, te da satisfacción y paz mental y tiene que ver mucho con la forma en que vemos y afrontamos la vida, sin importar que emociones o circunstancias experimentemos. Por otro lado, la alegría es una emoción que surge de nuestro cuerpo y de nuestras sustancias químicas, es rápida, intensa, pero al igual que la tristeza o el enojo, es pasajera. La felicidad es un constante “ser” y la alegría es un “estar”. Claro que estos dos conceptos están relacionados, y se dice que esos pequeños momentos de alegría son los que van construyendo nuestra felicidad, pero insisto ésta no solo depende de la alegría, sino de cómo tú interpretas la vida.

Para completar mi aceptación y construcción de ser feliz, tuve que aprender algo muy muy importante que me preocupaba mucho: la falta. ¿De qué estoy hablando?, esa falta constante del ser humano: la de no estar satisfechos, por ejemplo, cumples lo que te propones pero no lo disfrutas, porque estás pensando en qué viene después, qué más tienes que hacer, perdiendo la noción del presente, y dejando un vacío. Yo aprendí aceptar esa falta constante, abrazarle un momento para dejarla ir y quedarme en el presente.

Foto por Pavel Castillo

Esto de ser feliz no es una cosa sencilla, pero para apoyarte con tu proceso de aceptar y construir el ser feliz, te voy a dejar unos consejos aquí en Kathartiko que yo he aprendido en este camino de la vida:

  1. Déjate de preocupar porque no estás feliz las 24 horas del día, los 365 días del año; la felicidad no es estar eufórico todo el tiempo, ni sonreír todo el día. Es muy probable que la mayor parte sientas que no estás sintiendo nada, porque experimentamos muchas emociones pero estás son fugaces y quedamos en un estado “neutral”. Recuerda que la alegría es esa chispa de entusiasmo, incluso de euforia, pero no dura todo el tiempo.
  2. Permítete experimentar las emociones. Estar triste, estar enojado, tener miedo, sentirse asqueado también son emociones fundamentales en nuestro día a día, todos las experimentamos en diferente medida, no tienes que estar alegre todo el tiempo, ni saltar por todo o sonreír a cada segundo, puedes estar triste y no pasa nada, recuerda que la felicidad tiene que ver con como interpretas las situaciones de tu vida.
  3. Recuerda que la felicidad es subjetiva, nadie te puede decir cómo ser feliz o juzgar que no eres feliz. Es momento que dejes de lado lo que la sociedad dicta, lo que los demás dictan referente a la satisfacción y date el tiempo de descubrir cuáles son esas pequeñas cosas que te causan alegría para ir construyendo una felicidad.
  4. Al principio te hacía una pregunta: ¿cuántas veces haces esas cosas que te dan alegría?, cualquier que haya sido tu respuesta haz más cosas que te den alegría y disfruta de los pequeños momentos del ahora, del presente.
  5. La forma como ves las circunstancias, así como la forma en la que afrontas la vida es la diferencia entre ser feliz o no. Todo depende de la interpretación que le des a las cosas, aprende a ser resilientes, es decir, aprender y aceptar las situaciones a pesar del dolor.

Preocúpate menos por la felicidad, deja de presionar, mejor disfruta. Ser feliz no es una construcción de un día, es de por vida, y depende mucho de aceptar qué es ser feliz y construirlo con pequeños momentos, pero significativos.

Te retamos a buscar qué te da alegría y de ahí construir un estado más permanente, y por supuesto a analizar como interpretas la vida. Recuerda que puedes escribirme a palomapalacios@kathartiko.com para que me compartas tus experiencias.

 

Paloma Palacios author

CEO y fundadora de KATHARTIKO. Contacto: palomapalacios@kathartiko.com

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