Como parte de una serie de artículos dedicados a indagar en los asuntos familiares, desde el Complejo de Edipo, la maternidad y ahora hasta la paternidad, queremos resaltar la importancia que tiene la infancia y las relaciones con lo padres en nuestra constitución psíquica. Así, en esta ocasión tomaremos la figura paterna para analizarla desde los lentes psicoanalíticos y tratar de clarificar cómo es que ciertos gestos, actos, palabras, momentos con nuestro padre guardan especial importancia en nuestra historia y nos han permitido ser lo que somos ahora.

En nuestra historia todos tenemos una figura paterna, pudo ser buena, mala, regular, ausente, sin embargo alguien cumplió con esta función, por lo que debemos hacer la aclaración que la paternidad no se refiere (estrictamente) al padre biológico. Cuando se habla de función en psicoanálisis se refiere a la persona que cumplió con la tareas, las acciones del padre, pudo haber sido un abuelo, tío, padrastro o alguien más.

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En la propuesta freudiana, el padre tiene una función muy especial, se explica como alguien capaz de introducir la terceridad, ¿pero a qué nos referimos con esto? Habrá que pensar en la imagen de la relación que tiene una madre con su hijo, es una relación bastante especial, ¿no es cierto? Parecen que tienen un lazo único que incluso les hace vivir en una burbuja, pues la función del padre es en cierto sentido romper con ella. Y ¿cómo la rompe? Pues al ser la pareja de la madre, le hace saber al hijo(a) que su mamá no puede ser para él o ella solamente, es decir introduce la barrera del incesto. Esta barrera no sólo se limita a decirle al niño(a) que no puede casarse con los padres o tener una relación romántica con ellos, introduce la regla por excelencia: “no podemos tener todo lo que queremos”, y esto nos sitúa en la realidad. Entonces, el padre va a representar al mundo exterior fuera de ese vínculo madre-hijo.

Este momento es de particular importancia para la constitución psíquica de cada niño y niña, y es que, de que esto se presente o no dependerá la estructura psíquica de cada sujeto, dicho de otra forma: si somos neuróticos, psicóticos o perversos. Por ahora no podremos ahondar más en este tema, pero basta decir, que la función que tiene el padre para Freud, es la de mediar la relación entre madre e hijo(a), lo que permite que se abran al mundo, hacerle saber al infante que en el mundo hay más que el amor de mamá.

La propuesta que hace Freud de la paternidad, además de que nos brinda la función que tiene éste para la constitución psíquica de cada niño(a), también brinda un modelo de padre que tiene muchos alcances, veamos, ¿quién de ustedes no ha visto la figura paterna que tiene temple de acero, aquel padre de voz dura y que parece tener la última palabra? Aún cuando no todos tengamos una figura de estas características, la hemos visto. Esta figura, que se caracteriza por ser especialmente rígida y a veces hasta impositiva, da leña para la construcción del superyó, instancia que maneja (entre muchas otras cosas) el deber ser, la moral y la capacidad punitiva de la estructura psíquica. Así, de nuestras experiencias infantiles muchas tienen la voz paterna y sus mandatos, ésta se interioriza a tal grado que conforma lo que somos, y ahora, a partir de esa voz se moldea parte de la voz propia, que nos regula, y que en ocasiones puede llegar a ser de castigo.

Pero como todo en los procesos psíquicos, cuando se analiza un tema encontramos diversas visión, a veces opuestas y capaces de coexistir. Así, la paternidad es también ambivalente, se encuentran afectos y sentimientos opuestos dirigidos hacía la misma persona. A la vez que para un(a) niño(a) pequeño(a) puede ser difícil dejar de considerar a mamá como su único amor, se abre a la posibilidad a otro amor: al paterno, se abre a los gestos, a los cuidados y juegos del papá que tiene mucho que brindar.

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Para Freud, el padre es una figura esencial para el desarrollo del infante, abriéndolo al mundo e introduciendo una regla esencial: no todo lo puedo. También encontramos propuestas muy interesantes y convenientes desde psicoanalistas como Philippe Julien y Massimo Recalcati, que proponen una visión de la paternidad un poco más alejada de la imagen del padre duro, rígido y punitivo. Estos autores explican que la paternidad ha cambiado y que ahora hay nuevas formas en que se relacionan con sus hijos. El padre ahora se muestra como alguien que no lo sabe todo, que no tiene la última palabra, que no se plantea ser un héroe sino que al contrario se expresa de una forma completamente humanizado, mostrando errores y faltas, que no conoce el último sentido de la vida pero que es capaz de compartir una experiencia a través del testimonio.

Pero ¿qué significa esto de dar un testimonio? Al romper un poco con esta imagen del padre que todo puede y sabe, brinda a sus hijos su experiencia, su ejemplo, al brindarle esto le esta compartiendo un sentido de vida, es como si le dijera: “no lo puedes hacer todo, ni lo puedes tener todo, pero sí puedes ser alguien y tener algo”. Esto tal vez no parezca mucho pero significa un gramo de certeza, que le dice al niño(a) que aunque la vida puede ser difícil por no conseguir siempre lo deseado, es vivible y satisfactoria. O al menos esa es la apuesta con la paternidad, ser capaz de trasmitir el mensaje que invita a vivir.

Cuando las acciones, las palabras y los gestos del padre están del lado del bienestar, proponen el espacio para el desarrollo del niño(a), desde su alimentación, vestimenta, aseo, bienestar emocional, intelectual, entre otros; pero también proponen desde el lado del deber, sí, propone una conciencia moral, un hacer cívico que es universal y que se refleja en seguir una ley que permite la convivencia humana, y esta última ¿qué creen?… se encuentra entrelazada como ya habíamos mencionado con la prohibición del incesto, pues nos hace saber y entender entre lo prohibido y lo aceptado socialmente.

Pero sobre todo, estas propuestas de la paternidad tienen la tarea de colocar límites, y éstos no son nocivos cuando lo que hacen es encausar el desarrollo infantil. Tenemos que tener en cuenta que la desmesura lleva a la violencia contra uno mismo y contra los otros, así estos límites deben asegurar al niño o niña a saber de sí, a saber del mundo y a poder lidiar con ello con el menor dolor posible.

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Desde este punto de vista la paternidad viene a romper con el primer amor, en el sentido que le asegura que hay otras cosas fuera del calor materno, y al mismo tiempo, puede decirle al infante las leyes básicas de cómo funciona el mundo para que pueda vivir en él lo más plenamente posible…esto por supuesto es lo que se quiere lograr, pero pensemos que nuestros padres, como quiera que hayan hecho su labor, algo bueno han dejado, así como algunas cicatrices, y eso…eso también es norma del vivir.

Espero este artículo haya sido de tu interés, así como capaz de esclarecer algunas dudas, pero sobre todo, generar unas cuantas más. Te invito a que nos acompañes con tu lectura para los siguientes artículos así como cualquier duda o comentario en psicoanálisis@kathartiko.com. ¡Hasta el próximo artículo!

Bibliografía

Julien, P. (2002). Dejarás a tu padre y a tu madre. España: Siglo veintiuno editores

León, S. (2013). El lugar del padre en psicoanálisis: Freud, Lacan, Winnicott. Chile: RIL Editores

Recalcati, M. (2014). El complejo de Telémaco. Padres e hijos tras el ocaso del progenitor. España: Editorial Anagrama

Anel Sinahí Garza Hurtado author

Psicoanalista y colaboradora de Kathartiko. Contacto: psicoanalisis@kathartiko.com

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