Para el presente artículo nos hemos propuesto abordar el tema que rodea la pregunta: ¿por qué incluso cuando obtengo lo que quiero no me siento completamente satisfecho? Y aún cuando parezca sencillo responderla, si miramos y escuchamos con un poco más de atención el cuestionamiento, encontramos complejidades.

Foto por Kate Williams en Unsplash

Así consideramos que, para tratar de aclarar la insatisfacción que sentimos los seres humanos es necesario hablar sobre el concepto de falta en psicoanálisis. Éste concepto se relaciona con muchos otros conceptos importantes de la teoría psicoanalítica, pero nos vamos a limitar en abordar un par de aspectos: ¿qué es? y ¿cuál es la relación que mantiene la falta con el aparato psíquico?, y sobre todo, ¿qué tiene que ver con la forma en que nos relacionamos con el mundo?

 

Ahora bien, el concepto de falta para el psicoanálisis es constitutiva, es decir, gracias a que ésta se presenta es que podemos construirnos y desarrollarnos como sujetos, por ejemplo como seres que piensan, sienten, actúan, capaces de tomar decisiones y de dirigir nuestra vida como queramos. Entonces podemos dimensionar hasta qué punto es importante la falta, pues tiene que ver nada más y nada menos que con la existencia: con mi estar en el mundo, ¿cómo lo vivo?, ¿cómo lo siento y cómo lo afronto? Dependiendo de la forma en que se presente la falta se mostrarán formas específicas en el comportamiento, como por ejemplo, la manera en que mostramos y afrontamos nuestras frustraciones, cómo resolvemos las dificultades que se presentan, y cómo nos relacionamos, con los otros y con la vida

Esta falta se genera en momentos muy tiernos de la vida de cada persona, comienza en la relación que mantiene el bebé con los padres, y en especial con la madre. Imaginemos la relación que mantiene bebé y madre, es tan cercana que parecen uno mismo (recordemos que en un momento lo fueron: en el embarazo), con el crecimiento la relación cambia y empiezan a tener independencia, sin embargo, cada etapa deja consecuencias y estos primeros momentos no son la excepción. Eventualmente el bebé adquiere más independencia y comienza a ver a su madre como ser humano, esto es: no lo puede todo, no lo sabe todo, si la madre no se encuentra cerca él puede respirar, y sobre todo comienzan las reglas sociales que le indican que su madre no es solo para él, no puede casarse con ella, es aquí donde comienza a dibujarse la falta y se empieza a sentir la insatisfacción.

Gracias a los cariños, la presencia y la educación, los padres brindan a sus hijos parte de lo que ellos saben, de cómo ven el mundo y cómo es que hay que afrontarlo; esto podemos verlo en todos los elementos que nos identifica como parte de una familia: los rasgos físicos, formas de actuar, de pensar y de sentir. Pero ellos también proporcionan un espacio de diferencia, ese espacio es la falta, en donde la nueva persona va a crear su propio sitio y su propio mundo.

En ese hueco que llamamos falta se da lugar para el surgimiento del deseo, que es diferente del querer, pues el deseo implica una búsqueda por algo amplio y sustancial para la existencia humana. Se crea un movimiento muy particular entre el vacío de la falta y el deseo, un movimiento que hace posible creaciones, los logros de cualquier índole, el amor, la seducción y todo aquello que implica la vida.

Lo que vemos en este movimiento del deseo, es que nos lanza a la búsqueda y la satisfacción de éste, pero nunca llega a cumplirse por completo, siempre hay una porción, un fragmento que no se completa…y en ese pequeño espacio abierto es que vuelve a nacer otro deseo, y comienza todo de nuevo. Fernando Colina nos pone de ejemplo la imagen del ave fénix para pensar el deseo, porque con su muerte (cuando se alcanza un deseo) renace otro, así, de las cenizas de un deseo se planta la semilla de lo que será el siguiente. Y es en este renacer y morir parcialmente, mis queridos lectores, donde se encuentra la vida, en ese constante movimiento se engendra un camino de diferencias pero que asegura que andemos.

Foto por Stéphan Valentin en Unsplash

Es ésta cualidad del deseo lo que propicia que la humanidad genere civilización, cultura, conocimiento, todas las artes y ciencias, pues ese movimiento que se lanza a cumplir una meta llega a un punto de satisfacción pero también a un límite, pero en el siguiente deseo se puede plantear un nuevo límite y así se van logrando cosas que antes se creían imposibles. Entonces la relación de la falta y el deseo es muy cercana, si no existe la primera no podrá darse la segunda. Y justamente cuando se intenta taponar o hacer que no existe la insatisfacción es donde se generan elementos patológicos.

El deseo entonces va tener diversos enlaces con la vida de las personas, por un lado implica un compromiso con la existencia, pero también se enlaza a metas que tienen que ver con el proyecto profesional, personal, de relaciones amorosas, de amistad, entre otros. Con cada deseo que murió sin llegar a cumplirse, nos produce satisfacción en el presente y siembra los frutos para un futuro deseo, asegurando así la búsqueda constante.

Espero este artículo haya sido de tu interés, así como capaz de esclarecer algunas dudas, pero sobre todo, generar unas cuantas más. Te invito a que nos acompañes con tu lectura para los siguientes artículos así como cualquier duda o comentario en psicoanálisis@kathartiko.com ¡Hasta el próximo artículo!

Bibliografía:

Balint, M. (1993). La falta básica, aspectos terapéuticos de la regresión. España:Ediciones Paidós

Colina, F. (2006). Deseo sobre deseo. España: Cuatro Ediciones

Halfon, N. (2002). En el nombre de la falta. Argentina: Letra Viva editorial

Anel Sinahí Garza Hurtado author

Psicoanalista y colaboradora de Kathartiko. Contacto: psicoanalisis@kathartiko.com

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