El inconsciente, aquel que te “traiciona” expresando lo más inapropiado en el momento menos oportuno; quien se deja ver en las equivocaciones, quien dirige la escena de los sueños…¡sí! aquello que orquesta gran parte de nuestro pensar, actuar y sentir será el tema principal en este artículo. Tenemos que aclarar que aún cuando es el objeto de estudio del psicoanálisis, no fue en este ámbito donde se mencionó por primera vez; fueron los filósofos quienes se preocuparon en un primer momento por el inconsciente (Icc), pero fue con la propuesta freudiana que se realiza un estudio riguroso sobre sus causas y consecuencias.

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Ahora veamos ¿quién no ha tenido un momento donde una palabra parece escapársele de los labios o un chiste que al analizar podría no ser tan gracioso? Pues estas situaciones son precisamente escenarios donde el Icc se muestra con cierta claridad. Son los lapsus (equívocos al hablar, leer, escuchar), los chistes, los acting-out, las fantasías y los sueños espacios predilectos donde el Icc encuentra salida. Freud explicó que los sueños son la vía regia del Icc, lugar suficientemente abierto para mostrar su contenido, y por esto, vendría bien preguntar: ¿se han detenido a pensar en sus sueños?, ¿alguna vez les han parecido completamente incomprensibles y hasta locos? La lógica de los sueños es distinta al del estado de vigilia, lo que puede ser inadmisible en la realidad exterior puede ser admisible en un sueño; el proceso que se encarga de dictaminar qué es permitido o no es la represión (censura), que en el sueño tiene particularidades.

Y al reconocer estos momentos en que algo pareciera que se nos escapa de control, ya sean palabras, sueños o actos, se presenta una idea que es central en el constructo psicoanalítico: somos seres contradictorios, cuando no nos enteramos de lo que hacemos, algo más lo hace. Entonces se vuelve necesario hablar de la conciencia (Cc), espacio donde nos percatamos de lo que sentimos, lo que pensamos y hacemos; del reino de la conciencia son las reflexiones, sensaciones, sentimientos y ese fenómeno que solemos llamar: “me cayó el veinte”. Cuando nos cae el veinte es cuando una representación Preconsciente (Prcc) pasa a la conciencia. Ya llegaremos a explicar al Prcc y cómo es que se plantea con gran importancia también.

Si la conciencia es el espacio del que nos percatamos de nuestra realidad…¿qué es entonces el inconsciente? No basta decir que es lo contrario, aún cuando lo sea. Éste es un espacio oculto en las sombras de nuestros actos, sin embargo, sus efectos se siguen manifestando, causando desconcierto, sobresalto y angustia. Entonces nos encontramos ante la primera tópica del aparato psíquico: la propuesta del consciente-preconsciente-inconsciente, con esto se inaugura una de los ideas esenciales del psicoanálisis: el inconsciente rige gran parte de nuestra existencia psíquica.

Pero ¿qué significa todo esto?, ¿el psicoanálisis quiere decir que realmente no tengo pleno control de lo que hago y que siempre hay una motivación secreta? De cierta manera “sí”, esto es parte de la propuesta psicoanalítica, pero no acaba ahí y no es tan simple. Freud clarificó esto con la imagen de un iceberg; como saben lo que vemos de un iceberg sólo es una mínima parte del todo, la gran mayoría se encuentra sumergida fuera de la vista. Así, en nuestro aparato psíquico el mayor porcentaje está oculto a primera vista y representa el Icc, las ideas y deseos que no son realizables en la realidad externa; lo que podemos ver será la conciencia (Cc), y ahí se encuentra todo aquello de lo que nos damos cuenta. Y ¿dónde queda el preconsciente (Prcc)?, éste se encuentra en el espacio que flota al ras del agua y que en ciertos momentos es visible (Cc) y en ciertos momentos está oculto (Icc); ésta es su cualidad: ser susceptible de conciencia, ir y venir entre la conciencia y el inconsciente.

Esto significa que en nuestra vida, lo que hacemos, pensamos y sentimos se encuentra gobernada por elementos ocultos que tienen raíz en el inconsciente, y que sólo somos consciente de una pequeña parte de su composición. Esto tiene sentido cuando por ejemplo: no entendemos cómo es que todas nuestras parejas se parecen, como muchas veces nos encontramos en las mismas situaciones a pesar de realizar cambios de escenario. En la escena familiar, al pensar el complejo de Edipo, la maternidad y la paternidad encontramos uno de los lazos más fuertes con el Icc, pues aquellos deseos, sentimientos y pensamientos de amor incestuoso a los padres debieron censurarse por ser insostenible y por chocar con las reglas que estructuran la realidad exterior, pero esto no significa que no existan o se borren, seguirá existiendo al mismo tiempo sólo que en un espacio distinto: en el Icc.

Así, el Icc se plantea como un sistema, por lo tanto con características particulares, entre estas encontramos: ausencia de contradicción, atemporalidad y sustitución de la realidad exterior por la psíquica. La ausencia de contradicción quiere decir que cosas completamente contrarias pueden convivir sin conflicto, esto lo podemos ver en el ejemplo de amor-odio que sentimos por los padres.

La atemporalidad esta muy cerca de nuestras sensaciones, pensemos por ejemplo en una situación dolorosa de nuestra infancia, en muchas ocasiones ya siendo adultos, al pensar de nuevo aquello se vive con la misma emoción, como si nos encontráramos otra vez ahí, como si el tiempo no hubiese pasado; esto responde a que el Icc no se regula por el calendario o el paso de los minutos, no hay pasado-presente-futuro, se rige por la cantidad de energía que existe en sus elementos y por la relación que mantengan entre si.

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Por último, la sustitución de la realidad exterior por la realidad psíquica es un carácter fundamental del inconsciente, aún cuando nuestro aparato psíquico se construye a partir de lo que nos ofrece el mundo, una vez que los sentidos toman los estímulos hacen de ello algo nuevo; eso distinto y propio se encuentra en el inconsciente. La realidad psíquica será aquella forma particular de sentir, pensar, mirar y actuar en el mundo, un poco como lo que versa en el dicho popular: cada cabeza es un mundo.

Y ¿cómo llega a conformarse el Icc? Al llegar al mundo y encontrarnos “limpios” de estímulos, comienza un encuentro que irá dejando huellas (huellas mnémicas) imborrables pero capaces de enlazarse con otras. Cada vez que sucede una mirada, una caricia o un sonido significativo dejará un resto en el sistema inconsciente, y en tanto sucedan estas huellas se crearán combinaciones entre lo pasado y lo nuevo, capaces de tejer nuestra historia. En tanto habitamos un mundo estructurado por el lenguaje, con leyes, valores, historia, etc., se va delimitando nuestro espacio para actuar, lo que debemos y podemos hacer en él, para esto la represión (censura) juega un papel importante, pues es el filtro entre lo aceptado y lo no aceptado socialmente, de ser riesgoso será restringido al Icc.

Finalmente, hay que recordar: aún cuando las mociones se encuentren en el inconsciente no significa que se queden ahí, algunas intervienen en nuestra forma de pensar, sentir, actuar y en nuestras decisiones, por ello es necesario hacer un esfuerzo por desentrañar los contenidos inconscientes que mueven nuestra existencia, pues al conocer estos rastros enterrados en nuestra historia, encontramos que son familiares y que podemos hacer algo con ellos, algo más que sufrir la sorpresa de un sueño loco, una pesadilla, un sentimiento terrorífico, una equivocación plena de sentido o un laberinto sin salida.

Espero este artículo haya sido de tu interés, así como capaz de esclarecer algunas dudas, pero sobre todo, generar unas cuantas más. Te invito a que nos acompañes con tu lectura para los siguientes artículos así como cualquier duda o comentario en psicoanálisis@kathartiko.com ¡Hasta el próximo artículo!

Anel Sinahí Garza Hurtado author

Psicoanalista y colaboradora de Kathartiko. Contacto: psicoanalisis@kathartiko.com

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