Cuando decimos el cuidado de sí ¿en qué piensas? Tal vez podría ser, en mantener una relación saludable con tu cuerpo, hacer ejercicio, mantener una alimentación balanceada, o incluso, proteger tu integridad física de las inseguridades sociales; estos escenarios, representan un cuidado. En definitiva, representan elementos generales que se dirigen a mantener la salud y la vida. Pero todos(as) tenemos formas distintas de vivir una relación saludable con el cuerpo o la alimentación. Y ese espacio, donde no hacemos lo mismo a pesar de dirigirnos al mismo fin es la subjetividad, es la historia propia que late en cada uno de nuestros pensamientos, sensaciones y decisiones…ahí es donde se anida el cuidado de nosotros(as) mismos.

A partir del escenario de la pandemia, la normalidad sufrió cambios radicales y se volvió necesario para mantener la salud, alejarnos físicamente de las personas; situación que finalmente y después de meses, ha repercutido psicológicamente en nosotros(as). Hubo que replantear de forma urgente la salud personal como una prioridad en momentos de conmoción pública, lo que nos lleva a reflexionar en las cosas que hacemos para mantener un grado de “cordura” durante este tiempo: ¿qué acciones o relaciones me mantienen a flote?, ¿qué significa cuidar de mí?

El cuidado de sí: una mirada interna en tiempos de pandemia

Foto por engin akyurt en Unsplash

Estos cuestionamientos, que afloran con el virus Covid-19, surgen de un tiempo más remoto, de una historia en relación con nuestro presente, nos da las pistas sobre como entender nuestro propio cuidado, y aún más, cómo nos hemos pensado a nosotros(as) mismos a lo largo del tiempo. Así, retomaremos a la filosofía y al psicoanálisis para aclararnos el panorama actual con el cuidado de sí (épiméleia).

¿Alguna vez escuchaste o leíste del cuidado de sí? Esta es una experiencia personal, que pasa por reflexionar lo que soy y el mundo que me rodea, y no puede ser una simple receta. Cuando el filósofo francés Michel Foucault (1994) retomó el termino épiméleia (cuidado de sí) de la filosofía griega, nos proporcionó un contenido profundo para pensar y vivir nuestra existencia. No es sólo un concepto difícil de pronunciar, encierra un contenido amplio que va de la mano de otras dos ideas: el conócete a ti y ocúpate de ti. Esta triada se encuentra entrelazada de tal forma que nos coloca al centro de nuestra atención, y es así como iniciamos nuestro cuidado. No significa encerrarnos en nosotros mismos y olvidarnos del mundo, por el contrario, implica estar con los otros, proceder y relacionarnos con nuestro entorno de forma profunda.

Foucault (1994) nos explica tres elementos fundamentales del cuidado de sí: 1) una actitud y una forma de enfrentarnos a la realidad, 2) una mirada de afuera hacia adentro, preocupación y vigilancia de nuestros pensamientos, y 3) una forma de actuar donde nos encarguemos de nosotros(as) mismos, de transformar nuestro entorno.

El cuidado de sí: una mirada interna en tiempos de pandemia

Foto por Toa Heftiba en Unsplash

Entonces podemos enfatizar que el cuidado de sí implica la fórmula: reflexionar sobre sí mismo, profundizar en el conocimiento de nuestros(as) gustos, pensamientos y sentimientos en las diferentes circunstancias, conocer los puntos sensibles para después tomar una acción capaz de procurarnos un bien.

En este sentido existen diversas prácticas que entrañan la épiméleia en su proceso, entre ellas nos dice el autor francés, se encuentra la meditación, si imaginamos un poco la escena de la meditación podemos ver que la persona está en una calma enorme, completamente sumergida a sus sensaciones, pensamientos y al salir de aquel estado, se da una reflexión para transformar una parte. Así como ésta existen muchas otras prácticas, lo importante es comprender que no hay recetas, sino coordenadas capaces de dirigir sus esfuerzos a comprender, de manera vasta, nuestra realidad interna.

En relación a ello, el psicoanálisis propone el concepto de narcisismo, y con él nos permite ver, a grandes rasgos, como la realidad exterior (las relaciones con los padres, las demás personas, los estímulos, cada evento, etc.) se incorpora a cada persona y la constituye, empapada de los estímulos exteriores. Freud (1914/1992) nos explica que al nacer un bebé llega a un mundo organizado, conforme pasa el tiempo se va enfrentando a diferentes experiencias: el tacto, la voz, ruidos, cariños, hambre, incomodidad, entre muchas otras; a partir de esto, el entorno comienza a formar el exterior y el interior; así el bebé se reconoce como uno. El narcisismo dará cuenta de que somos un sujeto distinto a los demás, con una historia particular, arrojado a un mundo estructurado, del que es necesario diferenciarnos como yo.

Pensemos, por ejemplo, cuando vivimos un evento importante y más tarde nos encontramos solos repasando lo que nos sucedió, vemos las escenas, escuchamos las voces y podemos sentir (de nuevo) aquellas sensaciones; en ese momento estamos recordando, sí, pero estamos reflexionando sobre un mundo que ya no está, un momento que ya pasó, pero que ahora está al interior de nosotros(as). Eso exterior (el mundo) se ha incorporado y entra en relación con nuestra historia, con nuestros pensamientos, sentimientos y comienzan a transformar lo vivido. Este caso lo podemos encontrar constantemente en nuestra vida, y el cuidado de sí representa la reflexión profunda sobre lo que soy en cada experiencia, implica el esfuerzo de conocer y procurar lo necesario para alcanzar un bien.

Si el narcisismo como nos dice Freud (1914/1992), significa constituirnos como sujetos capaces de entender que “yo” soy diferente al mundo entero, que hay un adentro y un afuera; el cuidado de sí nos proporciona un método para encontrar un bienestar compuesto más a nuestra medida, pensado desde nosotros(as), construido por nosotros(as), pero que igualmente puede servir como precedente para otros(as).

En este sentido ¿de qué manera es importante el cuidado de sí con lo que estamos viviendo? Como bien ha dicho Judith Butler (2020), nos encontramos en relación con nosotros(as) mismos y con el mundo que habitamos, hay una relación de interdependencia; y si bien la emergencia sanitaria no es benéfica, no significa que dejemos pasar el provecho que pueda aproximar. Aún en momentos de tiempo pausado seguimos siendo sujetos capaces de imaginar una vida vivible, pues la dificultad no significa que sea nulo.

Finalmente, la épiméleia nos hace ver la importancia de una actitud para con nosotros mismos, capaz de abrir nuestra mirada más allá de las recetas para la felicidad; pues se vuelve necesario saber lo que quiero, lo que necesito y un proyecto capaz de construir la relación entre “yo” y el mundo. La distancia actual representa un cuidado, y la forma en que abordo esta experiencia, puede ser una práctica que implique una transformación.

No dejes de leer la segunda parte, que se encuentra en relación al lazo social, para tener un panorama más amplio. Te invito a que nos escribas tus dudas o comentarios a psicoanálisis@kathartiko.com. Espero el artículo haya sido de tu interés y lograra generar reflexión. ¡Hasta la próxima!

Bibliografía

Butler, J. (30 de mayo de 2020). ¿Qué hace que la vida sea vivible? ¿Qué constituye un mundo habitable? [Videoconferencia+Entrevista]. El Aleph, Festival de arte y ciencia, Estados Unidos-México.

Foucault, M. (1994). Hermeneutica del sujeto. España: Las ediciones de la Piqueta.

Freud, S. (1914/1992). Introducción del narcisismo, Tomo XIV. Argentina: Amorrortu Editores.

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El cuidado de sí: una mirada interna en tiempos de pandemia

Anel Sinahí Garza Hurtado author

Psicoanalista y colaboradora de Kathartiko. Contacto: psicoanalisis@kathartiko.com

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