La sexualidad tiene gran importancia para el ser humano, ya que tiene la función de organizar la forma en que pensamos, actuamos, decidimos e incluso lo que soñamos. Y esto no es de extrañarse si recordamos que implica vida en su forma más elemental, mostrándose en nuestras experiencias y definiendo nuestras relaciones futuras.

Foto por Michal Bar Haim en Unsplash

Si bien pudo ser una sorpresa pensar que se vive una sexualidad desde la infancia, el psicoanálisis permite ver, con una lupa muy particular, los momentos constitutivos de ésta. Pues en cada caricia que toca la piel se dejan huellas (mnémicas) y éstas despiertan fragmentos de una sexualidad; de tal forma que, en cada contacto con las personas éstas se dan y se transforman continuamente.

A propósito de esto, viene bien hacer un poco de memoria: ¿recuerdan el primer abrazo? o tal vez ¿la primera vez que alguien les mostró cariño?, seguramente cada experiencia es distinta y se remonta años atrás. En ese recordar es importante señalar la función que cumplieron los padres en ello, y particularmente la madre o quien cumplió con la misma tarea, y proporcionó las primeras experiencias de cariño y cuidado. Pensar en esto es importante, pues como lo menciona el título, vamos a mirar parte del recorrido que una niña o niño transita del amor familiar para llegar al amor de pareja.

Las personas que brindan las primeras muestras de cuidado al pequeño(a), se convertirán en el primer amor. ¡Sí, el primer amor!, pues Freud explicó que es a quien se dirige la libido. Entonces la madre como primer amor, es quien le proporciona lo necesario, es por esto que se convierte en el todo para el infante. ¿Y cómo no serlo?, imaginemos al recién nacido, con sus primeros suspiros y manoteos, aterrado en un nuevo lugar, por eso son necesarios y reconfortantes los primeros gestos que nos aseguran la vida.

Y así, en esta relación tan cercana con la madre empiezan a darse muchos procesos por los que pasa el infante que le aseguran experiencias y logros: alimentarse, las primeras palabras, los primeros pasos, control de esfínteres, etc., pero sobre todo comienza una trama que tendrá su punto definitivo en el complejo de Edipo.

Pero ¿qué es el complejo de Edipo? Es un momento crucial en el desarrollo de todo infante, donde muestra un amor desbordado por uno de los padres (o figuras que cumplan con tal función) y una rivalidad por aquel padre de su mismo sexo; el desenlace de este momento edípico permite al niño(a) cambiar el amor hacia los padres para amar a otra persona alejada del grupo familiar. Esto lo podemos ver en ciertas escenas muy comunes, como el niño que no se le despega a su madre ni para ir al baño, cuando la besa y la abraza, y como reacciona con rechazo cuando el padre le muestra cariño. O como la niña, que hace todo lo posible por tener la atención del padre, le pide que se case con ella o que sea su príncipe. Esto no es más que pequeños fragmentos donde podemos ver la fase edípica. Sin embargo, este tiempo representa momentos difíciles para cada niño y niña, encierra una serie de procesos como: identificaciones, fantasías, represión, sublimación, etc., que van a asegurar su forma de relacionarse románticamente.

Freud nombra el complejo a partir de la obra de Sófocles “Edipo Rey”, y es que la travesía de Edipo le permitió ejemplificar ciertos elementos que suceden en el psiquismo. El personaje principal, después de varias aventuras se casa con su madre y asesina a su padre, y al darse cuenta de lo que ha hecho, en un momento de desesperación, se saca lo ojos como un castigo por lo insoportable de sus actos. Aunque bastante más trágico de lo sucede para los niños, esta obra le permitió a Freud entender parte de la organización infantil y los procesos sociales de censura hacia el incesto presente en la gran mayoría de las culturas.

Desde el punto de vista psicológico y psíquico el Complejo de Edipo planteará la entrada de todo niño y niña a una regla social por excelencia: “no te puedes casar con tu madre o tu padre”. Si bien todo recién nacido llega a un mundo que ya esta estructurado, que tiene formas específicas de actuar, pensar, sentir, son los padres o tutores, quienes le introducen y enseñan, de ahí el lazo tan fuerte pero también el desconocimiento de la regla social sobre el incesto.

Entonces debe darse la renuncia a este amor, que el infante vive con dificultades y dolor, pues los padres no son para ellos solamente. Los inicios para esta renuncia puede verse con la llegada de un nuevo hermanito que le permite pensar al niño(a) que ya no es el único ni el que tiene toda la atención; también se puede ver en la separación de la madre al dormir, dando un espacio a la vida íntima de pareja, y haciéndole saber que la madre y el padre tienen un lazo que no puede tener él o ella.

Foto por Mathilde Merlin en Unsplash

Estos momentos tienen la intención de dirigir la mirada de los infantes hacia la idea: “¡No puedes amar a mamá o a papá de esa forma, pero a otro fuera del seno familiar sí!”. Y es precisamente que en la pubertad esto adquiere especial relevancia. El complejo de Edipo se da alrededor de los 5 años, después es enterrado con el periodo de latencia, donde lo sexual pasa a un segundo plano y parece que ese drama amoroso terminó. Sin embargo no del todo, pues con la adolescencia y los cambios hormonales que conlleva, el pasado despierta y es momento de que aquel amor familiar salga a la luz, pero de una manera distinta; pues las experiencias, las normas y el despertar sexual dirigen ese amor hacia personas fuera de la familia.

Pero ¿qué significa esto?, todos pasamos por la experiencia del complejo de Edipo, no hay quien se salve. La manera en que se resuelve difiere en cada persona, es precisamente la manera en que vivimos este periodo y cómo los resolvemos que se plantarán las semillas para aquellos frutos amorosos que vivimos como adultos. Si alguna vez han escuchado a alguien decir que su pareja tiene un parecido con su madre o padre, verán que no esta tan equivocado; aquel tiempo deja sus rastros, aunque distintos ya.

Espero este artículo haya sido de tu interés, así como capaz de esclarecer algunas dudas, pero sobre todo, generar unas cuantas más. Te invito a que nos acompañes con tu lectura para los siguientes artículos así como cualquier duda o comentario en psicoanálisis@kathartiko.com. ¡Hasta el próximo artículo!

Referencias:

Freud, S. (1910/ 1991). 21ª Conferencia. Desarrollo Libidinal y organizaciones sexuales, Tomo XVI. Argentina: Amorrortu Editores

Freud, S. (1924/ 1992). El sepultamiento del complejo de Edipo, Tomo XIX. Argentina: Amorrortu Editores

 

Anel Sinahí Garza Hurtado author

Psicoanalista y colaboradora de Kathartiko. Contacto: psicoanalisis@kathartiko.com

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