El acoso escolar o bullying es una realidad que sufren a diario miles de niños(as), adolescentes y jóvenes en todo el mundo y que afecta no sólo a las víctimas sino también a los cómplices y a los agresores. Pero ¿cómo puede ser eso posible si ellos son los que lastiman, agreden y humillan? ¡Efectivamente!, pero ¿alguna vez te has preguntado qué genera esas conductas? ¿por qué se relacionan con el otro a través de la agresión? Te invitamos a que así como yo, conozcas este lado del que muy pocos quieren hablar pero que también debe ser escuchado.

Comencemos por el principio, ¿qué es el acoso escolar o bullying?

 Bullying: Lo que no sabías del agresor.

Foto por Timothy Eberly en Unsplash

Según la definición consensuada entre la OMS y la ONGI Internacional Bullying Sin Fronteras (2019), se refiere a toda intimidación o agresión, física, psicológica o sexual contra una persona en edad escolar y de forma reiterada. En esta dinámica existen tres roles:

1.- La víctima: quien recibe el hostigamiento en cualquiera de sus formas.

2.- Los cómplices: que apoyan la agresión de manera activa o pasiva.

3.- El agresor: quien somete, atemoriza, humilla y/o agrede a la víctima.

Bajo esta estructura, podemos identificar cada uno de los roles que de manera directa o indirecta son parte del acoso escolar o bullying.

¿Cuáles son las características del agresor?

El agresor puede presentar rasgos físicos variados, es decir, puede ser alto(a), bajo(a), delgado(a), robusto(a), etc. Sin embargo, hay algo que todos tienen en común, las características de personalidad. Estos niños(as) y adolescentes tienden a ser voluntariosos, calculadores, les cuesta resolver conflictos de manera asertiva, muestran dificultad para manejar la frustración, les produce placer probar la sensación de poder, no suelen ser empáticos y generalmente están llenos de prejuicios, comportamientos sexistas y racistas. Y aunque pareciera que lo hacen con plena consciencia y alevosía muchas veces no es así. Por supuesto que no restamos gravedad a la conducta de los agresores, pero tampoco queremos estigmatizar un comportamiento que se puede modificar.

Algunos neuropsicólogos han demostrado que los niños(as) y adolescentes con problemas conductuales, tienen un deterioro en el lóbulo frontal del cerebro, que interfiere con su capacidad metacognitiva y de control de impulsos (Jódar, 2004).

 Bullying: Lo que no sabías del agresor.

Imagen tomada de Google Imágenes

Y aunque se considera que el temperamento juega un papel importante, es cierto que también hay una íntima relación con el entorno en el que viven, con su estatus socioeconómico, con su salud mental y la de sus cuidadores inmediatos e incluso con el estilo de crianza con el que fueron educados(as) que puede ser o permisivo o muy estricto.

De esta manera, nos damos cuenta porqué es necesario mantener las alertas en el agresor. Pues no sólo corre riesgo de que las “malas elecciones” se conviertan en un hábito, también su integridad se encuentra vulnerable, sobre todo cuando no hay intervención oportuna.

Si conozco a un agresor(a): ¿cómo lo ayudo?

El primer paso es la aceptación y a su vez responsabilizarse de la parte que a cada uno corresponde, para ello es importante:

  1. Actuar de manera rápida, firme y NO minimizando la gravedad de los hechos y el daño causado a la víctima.
  1. Buscar ayuda profesional: Es decir, contactar a un especialista en salud mental que trabaje no sólo con el agresor sino con los padres y maestros, pues el contexto escolar es uno de los principales espacios en donde se detona la conducta. Los principales objetivos a trabajar son: brindar herramientas para la solución de problemas, control de impulsos y manejo de emociones.
  1. Mejorar las destrezas de comunicación e interacciones familiares: Como lo mencionamos anteriormente, en algunos casos el origen tiene que ver con la dinámica familiar, es por ello que debe atenderse a la par en la que el niño(a) o adolescente está siendo intervenido.

La detección e intervención temprana en la salud mental puede resultar MUY ÚTIL para interrumpir el desarrollo de comportamientos que afectan no sólo el bienestar de una sola persona sino de todo el ambiente en el que se desenvuelven a diario.

Recordemos siempre la importancia de también voltear a ver a lo(as) del “lado malo” y dejar de invisibilizar a esta población que con su comportamiento pide a gritos ayuda.

¿Qué piensas ahora? No olvides que en este blog caminamos juntos(as) y nos encanta no sólo que nos leas sino también escuchar tus opiniones, puntos de vista y experiencias. Si tienes alguna duda o deseas recibir más información acerca del tema, escríbenos a andreaarteaga@kathartiko.com y con gusto te responderemos.

¡Hasta la próxima! Te estaré esperando.

Referencias:

Defensoría de los derechos de los niños, las niñas y los adolescentes (2019). Día mundial contra el Bullying. 

Gómez Nashiki, A. (2012) Bullying: El poder de la violencia. Una perspectiva cualitativa sobre acosadores y víctimas en escuelas primarias de Colima.

Jodar, M. (2004) Funciones cognitivas del lóbulo frontal.

Standford Children´s health. (2020) Trastorno de la conducta. 

Universidad Internacional de Valencia (21 marzo, 2018) Los perfiles tipo en el bullying: víctima, agresor, investigadores y espectadores pasivos.

Andrea Arteaga author

Psicóloga, maestra en Neuropsicología y diplomada en Filosofía para Niños. Colaboradora de Kathartiko. Contacto andreaarteaga@kathartiko.com

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